La abuela multimillonaria encontró a su nieta desaparecida y al bebé recién nacido de ella

No era dolor.

Era otra cosa.

Algo más frío. Más preciso.

—¿Dónde está Valeria? —pregunté.

—Descansando. Le hemos dado un sedante suave.

Asentí.

—Que nadie la moleste.

Me di la vuelta sin decir nada más y caminé por el pasillo de mármol, cada paso resonando con una claridad que hacía eco en toda la casa.

Entré en mi despacho.

Cerré la puerta.

Y durante un largo minuto… me quedé completamente inmóvil.

Luego presioné un botón oculto bajo el escritorio.

—Necesito a Salgado. Ahora.

Salgado no era solo mi jefe de seguridad.

Era un hombre que resolvía problemas que no podían aparecer en informes.

A los diez minutos estaba frente a mí.

—Señora.

—Quiero todo sobre Arturo Vela. Últimos diez años. Negocios, propiedades, movimientos financieros, denuncias ocultas… todo.

Salgado no hizo preguntas.

Solo asintió.

—¿Nivel de prioridad?

Lo miré directamente a los ojos.

—Máximo.

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