1. Son profundamente auténticos y no toleran la superficialidad.
Para muchos, la amistad se basa en conversaciones triviales: el tiempo, la ropa, las redes sociales, algún que otro chisme, planes que a veces se cancelan. Y eso está perfectamente bien.
Pero algunas mujeres no pueden conformarse con esta superficialidad por mucho tiempo.
Necesitan profundidad. Necesitan conversaciones sustanciales. Temas auténticos. Intercambios sinceros. Cuando intentan profundizar el diálogo, a menudo se les percibe como “demasiado intensos” o “demasiado serios”.
Entonces se enfrentan a una elección:
Fingir interés en el grupo para encajar.
O ser auténtico… aunque eso signifique estar solo.
Y eligen la segunda opción.
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El precio a pagar es alto: un círculo social más reducido, menos invitaciones, más malentendidos.
El beneficio es mayor: una mayor coherencia interna.
Prefieren la soledad a la traición.
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2. No participan en chismes. En algunos grupos, gran parte de la interacción social consiste en hablar de personas que están ausentes.
Para muchos, es una forma de conexión social.
Para ellos, es una situación incómoda.
No se atreven a hablar mal de alguien que no puede defenderse. Cambian de tema. Guardan silencio. Incluso defienden a la persona ausente.
Y eso incomoda al grupo.
No porque se crean superiores, sino porque tienen una ética diferente. Si no tienen nada bueno que decir, prefieren guardar silencio.
El resultado es predecible: ya no los invitan a ciertos lugares.
Conservan sus valores… pero están perdiendo popularidad.