Mis vecinos extranjeros me dieron esto mientras me deseaban una buena comida.

Un regalo sorprendente de vecinos extranjeros

Todo comenzó con una escena muy sencilla. Mis vecinos, con quienes me comunicaba solo unos saludos en el ascensor, llamaron a mi puerta con una bolsa de comida. Sonrisas, gestos amables, unas pocas palabras con acento extranjero y esta frase: “Buen provecho”.

Fue un gesto amable, pero al mirar dentro de la bolsa, la sorpresa fue total. Dentro había objetos oscuros, duros y fríos, casi como pequeñas piedrecitas o fósiles. Nada que se pareciera a comida común.

Mi primera reacción fue de desconfianza. ¿De verdad es comestible? ¿Cómo se come? ¿Hay que cocinarlo? ¿Hay que guardarlo en el refrigerador? Muchas preguntas y cierta indecisión.

Cuando un alimento desconocido da miedo
Esta es una reacción perfectamente normal. Cuando no reconocemos un alimento, sobre todo si no se parece a nada familiar, podemos sorprendernos e incluso preocuparnos. La comida forma parte de nuestras costumbres culturales, y cualquier cosa fuera de lo común puede parecernos extraña.

A algunas personas no les gusta probar comidas nuevas simplemente porque no se parecen a las que están acostumbradas. Sin embargo, en muchos países, alimentos que nos parecen extraños son en realidad muy comunes.