Si conoces a alguien cuya lengua es así… Aprende más
La lengua es uno de los órganos más sensibles y visibles del cuerpo. Por lo tanto, cuando aparecen grietas, manchas rojas o zonas irregulares, muchas personas se preocupan, considerándolo un signo de enfermedad grave.
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Sin embargo, en muchos casos, se trata simplemente de una fisura lingual, una afección bastante común y generalmente benigna. Aquí explicaremos qué significan estos cambios en la lengua, por qué aparecen y cómo cuidarlos para evitar molestias.
La lengua fisurada (también llamada lengua agrietada) es una afección caracterizada por la aparición de surcos o grietas en la superficie de la lengua. Estas grietas pueden variar en profundidad y extensión, dándole una apariencia irregular o de “hendidura”.
En la mayoría de los casos, esta afección es benigna y no causa dolor ni problemas de salud, aunque puede ser perceptible.
Algunas personas nacen con esta característica o la desarrollan con el tiempo. Las fisuras pueden atrapar restos de comida o bacterias, lo que a veces puede causar irritación o mal aliento si no se mantiene una buena higiene bucal.
La lengua geográfica es otra afección relativamente común. Se caracteriza por manchas rojizas y lisas en la superficie de la lengua, rodeadas de bordes ligeramente elevados.
Se denomina “geográfica” porque estas manchas cambian de forma y posición, asemejándose a mapas o continentes en la lengua. Si bien puede resultar alarmante, esta afección no es cancerosa ni peligrosa para la salud, y muchas personas ni siquiera presentan síntomas.
¿Por qué surge un lenguaje fragmentado o geográfico?
Las causas no siempre están claras, pero los investigadores han identificado varios factores que pueden contribuir a su desarrollo.
1. Predisposición genética:
Algunas personas nacen con una mayor predisposición a las hendiduras linguales, lo que sugiere un componente hereditario.
2. Deficiencia de vitamina A
: La falta de vitaminas del complejo B puede estar relacionada con cambios en la superficie de la lengua.
3. Estrés y factores emocionales
El estrés, la ansiedad y ciertos hábitos, como el bruxismo (rechinar de dientes), pueden alterar la mucosa oral y contribuir a estos cambios.