“Te daré un millón si me curas.” El multimillonario se rió… hasta que sucedió lo impensable.
Ethan Caldwell había dedicado toda su vida a comprar resultados.
Empresas. Políticos. Silencio.
Si algo se interponía en su camino, lo quitaba, o pagaba lo suficiente para hacerlo desaparecer.
Pero había algo que el dinero no podía solucionar.
Sus piernas.
Cinco años antes, un accidente de helicóptero en las montañas de Colorado le había fracturado la columna vertebral, y con ella, la ilusión de que lo controlaba todo.
Hoy, a sus cuarenta y dos años, Ethan reinaba desde una silla de ruedas hecha a medida que valía más que la mayoría de las casas.
Esa tarde, el patio del Instituto de Rehabilitación Willow Creek parecía más un complejo turístico de lujo que un centro médico.
Mesas cubiertas con manteles blancos. Copas de cristal. Whisky importado que refleja la luz del sol.